Los ministros de Defensa e Interior están al borde de la cornisa por mérito propio. Un a serie de errores sucesivos ha llevado a Alberto Otárola y Daniel Lozada a enfrentar una moción de censura, preparada por la oposición. Y a que miembros de su propia bancada, y de sus aliados de Acción Popular y Perú Posible, exijan sus renuncias.
No es majadería política que ambos estén en salmuera. Desde que indujeron (o no advirtieron) al presidente Humala a calificar la liberación de los rehenes del narcoterrorismo como una operación "impecable", hasta el desafortunado comunicado del Ministerio del Interior a raíz del dramático hallazgo del cuerpo del sub oficial César Vilca, las metidas de pata han sido absolutamente suyas.
Frente al pleno del congreso, en sesión secreta cuyo contenido no podemos divulgar, la presentación de los jefes de cartera dejó más preguntas que respuestas. Y en el teatro de operaciones, no hicimos más que contar las bajas que nuestros soldados y policías iban sufriendo.
Las causas más profundas de este nefasto resultado, ciertamente, no se les puede atribuir a Otárola y Lozada, pues vienen de muy atrás. El mal equipamiento de nuestros combatientes, la falta de preparación para actuar en el escenario del VRAE, la carencia de Inteligencia, el no haber medido bien al enemigo, etcétera, es un acumulado de años.
Pero lo que resulta imperdonable, en el caso concreto del megasecuestro de los trabajadores de Camisea y su sangrienta secuela, son la improvisación, el exhibicionismo, el triunfalismo y la mecida a la hora de brindar información.
Detrás de esto, nos preocupa también una probabilidad muy peligrosa: la presión ejercida en la zona a la hora de tomar decisiones. Ver al presidente vestido de comando y con la pistola en la cintura dando instrucciones, sumarle a ello la presencia, también con traje de campaña, del asesor presidencial Adrián Villafuerte, dejan la sensación de una exigencia de prontos resultados a quienes deben comandar las operaciones con cierto nivel de autonomía.Si fuera así, la situación de los ministros no mejora. Empeora.
No es bueno que un ministro se resigne a estar pintado en la pared. Menos, que permita que muchas manos hagan garabato en una situación sensible, como la de las operaciones en el convulsionado valle.
En el quirófano, a la hora de operar, manda el cirujano. Y punto.
Esperemos que en las próximas horas el presidente tome una decisión. Si no cambia a sus ministros y emprende su largo viaje a Corea y Japón, los dejará expuestos a una censura donde tienen todas las de perder, dado el fraccionamiento de la bancada oficialista.
Si se producen los cambios, ojalá que los nuevos ministros tengan el perfil que demanda el momento actual. El VRAE no está para hacer experimentos. Las carteras de Defensa e Interior necesitarán gente idónea: muy bien preparada, con experiencia, autoridad, y enemiga del figuretismo. Amén.
No hay que dejar de lado el hecho de que la zona es de alto tránsito del narcotráfico con el consiguiente riesgo (y certeza) de la corrupción policial-militar. Se debe investigar a profundidad cuál es la verdad de todo lo ocurrido y porqué siempre se habla de "terroristas" capturados y nunca de narcotraficantes.
ResponderEliminar