Oclocracia: Gobierno de la
muchedumbre o de la plebe.
Anomia: Ausencia de ley. Conjunto
de situaciones que derivan de la carencia de normas sociales o de su
degradación.
(Fuente: Real Academia
de la Lengua Española)
¿Por qué nuestro país
es “anómico” y “oclocrático”?
Porque las carreteras andan bloqueadas por turbas, con pasajeros
secuestrados y asaltados, ancianos que mueren infartados y niños hambrientos protegidos
por madres desesperadas que exigen a la nada la presencia de alguna autoridad.
Por las especies marinas depredadas, gracias a pescadores depredadores,
que le sacan (a pedrada limpia) más cuotas de merluza al gobierno, en alianza
estratégica con la Sociedad Nacional de Pesquería que da cuenta de la
anchoveta.
Por esos centros de recuperación para drogadictos que arden
como antorchas. Por sus decenas de muertos, cuyos familiares no encontraron en
los hospitales ninguna posibilidad de rehabilitarlos y los metieron a esas
cárceles “ilegales”, “informales”, “semiformales” o como quiera llamárseles.
Por las inversiones mineras paralizadas. Por La Conga,
detenida a punta de arengas, marchas, bloqueos, linchamientos, destrucción y
otros “argumentos técnicos” propios de ex emerretistas y patriarrojos.
Por Tambo Grande (QEPD), donde los santos cruzados del limón
y del ceviche ahuyentaron la minería formal, y dejaron entrar con toda su furia
a la informal “minería pequeña que destruye en grande”. Incluso los limones.
Por los cocaleros, los narcos, las combis asesinas (como las
repuestas en la Túpac Amaru, gracias a INDECOPI), los invasores de tierras, los
traficantes de tierras que lucran con los invasores de tierras, los pandilleros,
las mafias de “construcción civil”, las medicinas bamba, los cohetones rata
blanca, y tantas otras cosas.
Finalmente, por usted y yo, cuando nos pasamos una luz roja “porque
está libre la vía”, cuando arrojamos un papelito a la calle, cuando cruzamos la
avenida por cualquier parte, cuando compramos sin factura, en fin, cuando somos
los “vivos” de siempre.
Una visión algo pesimista pero realista en cierta medida. No castiguemos al mensajero ni veamos en los síntomas las causas de la enfermedad. Coincido en que hay una toma de conciencia necesaria para introducir las correcciones a esas aberrantes realidades pero debemos atacar la base del problema, entiéndase los dos últimos siglos de desinclusión social en el Perú
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